viernes, 12 de marzo de 2010

Baker, Biden y el Israel de siempre

No tardan mucho en enseñar sus credenciales. En una casa incautada a sus dueños (palestinos) en el barrio de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, sus nuevos residentes (israelíes) entonan canciones en honor de Baruch Goldstein, el colonó de Hebrón que mató a 29 palestinos en 1994 cuando estaban rezando.

Con ser despreciable, la escena no es nada comparada con la conducta habitual en los gobiernos israelíes. A fin de cuentas, esos colonos de Jerusalén representan a los sectores más extremistas de la sociedad israelí. Son los que tienen comunicación directa con Dios.


El Gobierno, al menos en su mayoría, no cuenta con una conexión directa con el mundo imaginario de las deidades. Trabaja en otra dimensión. El actual y los anteriores lleva años, no décadas, utilizando las mismas estratagemas con vistas a obtener el mismo objetivo. Cuando James Baker, secretario de Estado en los tiempos de George Bush, padre, llegaba a Jerusalén, el Gobierno de Yitzhak Shamir aprobaba la construcción de un nuevo asentamiento asentamiento en territorio palestino. Eso fue hace casi 20 años y sigue ocurriendo.

Ahora se ha presentado en Israel Joe Biden y el vicepresidente de EEUU ha tenido que probar la misma medicina. Una humillación en toda regla que ha hecho que Biden, que se presenta a sí mismo como un "amigo" de Israel, haya utilizado la palabra 'condena' para referirse a la iniciativa.

Dicen algunas crónicas que Biden ha quedado perplejo ante este atrevimiento. Es increíble, no en el sentido literal del término, que los políticos norteamericanos continúen demostrando tal nivel de ignorancia a la hora de valorar el comportamiento de los gobiernos israelíes. Digamos que se creen su propia propaganda: Israel quiere la paz y sólo la intransigencia de sus enemigos impide que se llegue a un acuerdo. Mientras tanto, Israel continúa creando una realidad que hace imposible cualquier intento de paz.


Los israelíes lo quieren todo para ellos. Quieren la legitimidad que les confiere la resolución de la ONU que hizo posible la creación de su Estado y quieren conservar el botín de guerra que obtuvieron en 1967. Unos porque Dios lo quiere. Otros porque es la respuesta perfecta a siglos de persecución. Es la lógica del imperio aplicada a un país pequeño. La ceguera es tal que terminará convirtiendo a Israel en el ejemplo perfecto de apartheid, mucho más acabado que el de Suráfrica. Lo más ocurrente de todo esto es que los israelíes acusarán a los demás de haberse convertido en un paria.

Algunos dicen que Netanyahu no sabía que el proyecto de expansión de los asentamientos en Jerusalén se iba a anunciar durante la visita de Biden. Pocos lo creen. Es sencillamente un paso más en un proyecto de colonización que comenzó en 1967. Nada de lo que hagan los palestinos podrá impedirlo.


Posted by Iñigo at http://www.guerraeterna.com/

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