sábado, 12 de diciembre de 2009

Por un trago de Agua...

 “Parece incuestionable que el acceso al agua es un derecho de todos los habitantes de la Tierra, pero la realidad es menos “ideal”. El Oro Azul es un bien económico-comercial a la altura del petróleo, uno de los motores de la nueva economía y una mercancía que aumenta su valor según se recrudece el mercado de la sed en los países más pobres.

Podemos vivir sin muchas cosas consideradas de primera necesidad, pero es imposible hacerlo sin el agua”.


“El agua, componente fundamental para todas las formas de vida conocidas (representa entre el 50% y el 90% de la masa de los seres vivos), es una sustancia relativamente abundante aunque sólo supone el 0,22% de la masa del planeta. El 97,25% del agua existente está en los océanos. El resto, 2,75%, es agua dulce de la que un 2% se halla en los casquetes polares y el resto, la que forma ríos y lagos, el 0,75%, es la que puede ser apta para el consumo humano. Esta última cifra que nos puede alarmar, por indicarnos una aparente escasez, serviría para abastecer al triple de la población actual de la Tierra.

Sin embargo, el acceso a este recurso, su disponibilidad en condiciones para el consumo humano es cada vez un problema más grave, que da lugar al hambre, la pobreza y la enfermedad para un sector creciente de la población mundial”.

Las siguientes cifras nos dan una idea de la magnitud del problema:

1.200 millones de personas carecen de acceso al agua potable limpia.
3.000 millones de personas carecen de instalaciones sanitarias.
300 millones de personas sufrirán escasez de agua en 2025. Más del 80% de ellas vivirá en países en desarrollo.

El 80% de todas las enfermedades de los países en desarrollo se origina a raíz del consumo de agua contaminada.

El 50% de los ríos y lagos del mundo está peligrosamente contaminado
(Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente 2001)

“La causa de todo este desastre (la llamada “crisis del agua”) está en la propia naturaleza del sistema capitalista que al desarrollar de forma anárquica la economía, atendiendo al beneficio exclusivo de unos pocos, mantiene y acentúa la pobreza de la población en amplias zonas del planeta. Para saciar su sed inagotable de beneficios no duda en consumir los recursos hasta dejar exhausta la naturaleza.

El agua es necesaria en cantidades ingentes en muchos procesos productivos. Para obtenerla se represan ríos, se secan pantanos, se agotan los acuíferos y humedales, se contaminan cursos fluviales,… sin la contrapartida de devolver ese agua limpia a la naturaleza”.

Como grandes defensores de la privatización de los recursos hídricos encontramos al Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y, por supuesto, las grandes multinacionales del sector.
Las políticas dictadas por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) a los gobiernos se encaminan a la privatización del agua.

“El Banco Mundial estimaba el año 2001 que la industria privada del agua producía un billón de dólares. En al menos 93 países se habían privatizado servicios de agua entre los que se contaban Argentina, Chile, China, Colombia, Filipinas, India, Sudáfrica, Australia, el Reino Unido y parte de Europa (…)

Dos grandes empresas francesas Veolia y Ondeo/Suez dominan el mercado del agua privada en el mundo”.

“En contra de esta política de privatización, ha surgido un nuevo movimiento social integrado por campesinos, indígenas, trabajadores, consumidores y un amplio rango de organizaciones ciudadanas comprometidas con la lucha por el agua.

Se constituyó oficialmente en Florencia, paralelamente al Foro Mundial en Kyoto, bajo el nombre Foro Alternativo del Agua (FAME- Forum Alternatif Mondial de l’Eau). Consideran que estas ideas liberalizadoras son injustas con los recursos naturales.

La ley de la oferta y la demanda se basa en que a mayor consumo, mayores ganancias, con lo que se prima el derroche y no el ahorro. La política mundial del agua implementada por el Consejo mundial del agua, creado por iniciativa del Banco Mundial, se basa en tres grandes principios.

En primer lugar, el agua debe ser considerada un bien económico, una mercancía como el petróleo o el trigo.

En segundo lugar, el acceso al agua es una necesidad vital, no un derecho humano; por tanto, la satisfacción de esta necesidad es competencia de cada persona que consuma un bien accesible a través de los mecanismos de mercado.

Por último, el agua debe ser considerada un recurso precioso (el oro azul); destinada a convertirse en algo cada vez más escaso, es un recurso estratégico importante.

La seguridad hídrica «nacional» se convierte, por tanto, en un problema político central.

En el lado opuesto, el Fame de Florencia se celebró con unas bases muy diferentes, y sus principios fundadores, definidos en la declaración de Porto Alegre de febrero de 2002, son desde entonces muy conocidos.

En primer lugar, el agua no debe ser una mercancía ni una fuente de beneficios

En segundo lugar, el agua forma parte del patrimonio de la humanidad y, por tanto, debe estar protegida públicamente

En tercer lugar, debe ser accesible para todos, en cantidad suficiente para no poner en peligro la salud de los usuarios

En cuarto lugar, la ley delega y designa al sector público como el representante del interés público

En quinto lugar, los ciudadanos deben estar en pleno proceso de decisión de las políticas públicas del agua a nivel local, nacional e internacional.

Con el continuo proceso de privatización y la perspectiva del reparto de grandes beneficios en un medio aún poco explotado, el agua pasa a ser, en el mercado mundial, un bien muy cotizado sobre todo para las grandes multinacionales que se convierten en “cazadores de agua”.

Dos empresas dominan el agua privada en el mundo y las dos son francesas: Veolia y Ondeo/Suez.

Estas empresas, a su vez, se han asociado con otras más pequeñas para abastecer de agua a más de 100 millones de personas en el mundo. Veolia, en el 2005, ya facturaba más de 25,2 billones de euros. Ondeo Suez, con sus dos divisiones agua y energía, ha obtenido 41.5 billones de beneficios.

Más nombres importantes en el mundo del agua son la alemana RWE y su filial inglesa Thames Water, además de la estadounidense Bechtel.

Otro grupo de grandes empresas que comercian con el agua son las multinacionales del agua embotellada, uno de los negocios más rentables y menos regulados del mundo. Su venta genera ganancias de entre 50 y 100 billones de dólares y aumenta un 10% al año.

El país que más botellas de agua consume es EE.UU., con 26 billones de litros en 2004.

México es el segundo, con 18 billones, seguido de China y Brasil con 12 billones. Países en vías de desarrollo como India o Emiratos Árabes son los que más están incrementando su consumo por año.

Nestlé, con 68 marcas, es el líder del sector, seguido de Pepsi Cola, Coca Cola y Danone. La principal división de productos Nestlé es Nestlé Pure Life que, según estudios, es en realidad agua del grifo purificada a bajo coste con adición de minerales.

Lo mismo pasa con Aquafina, de Pepsi, que se limitan a sacar agua del grifo y a añadir minerales antes de venderla envasada.

El agua embotellada es más cara que el petróleo.

En Estados Unidos, el galón de gasolina se compra por 2,92 dólares, mientras que el galón de agua se adquiere en el supermercado a 4 dólares. Esto está claro para empresas como Coca Cola.

Basta recordar la polémica suscitada en el Reino Unido en la que la propia empresa reconoció estar envasando agua potable de Londres, para venderla como agua mineral a 3 euros el litro.

Según un estudio sobre aguas embotelladas, realizado por la asociación americana Natural Resources Defense Council, el agua embotellada ha aumentado su venta en América en los últimos años gracias a la imagen saludable que venden estas empresas.

Analizadas más de 100 marcas se vio que, aunque la mayoría eran sanas, algunas estaban contaminadas con química, bacterias y arsénico.

A nivel internacional, por ejemplo en 1999, algunos envases de BonAqua de Coca-Cola en Brasil tuvieron que ser retirados porque contenían moho y otras bacterias.

En muchos países se están emprendiendo acciones contra el envasado de agua y otros productos derivados.

En México e India se han prohibido los productos de Coca-Cola y Pepsi por ser dañinos para la salud y el medio ambiente. Además, cada litro de refrescos contamina 10 litros de agua y en los lodos tóxicos producidos se han encontrado altos niveles de cadmio y plomo.

También se utilizan combustibles fósiles para el envasado del agua. El material más utilizado para estas botellas de plástico es el PVC derivado del petróleo. En todo el mundo se fabrican 2,7 millones de toneladas de plástico para botellas.

Este PVC es tóxico cuando se fabrica y cuando se consume.

Y ¿qué pasa con las botellas después de usadas?

Deberían ser recicladas, pero en la práctica, por ejemplo en EE.UU., el 86 por ciento van a la basura o son incineradas. La incineración suelta a la atmósfera gases contaminantes y las botellas, como basura, tardan 1000 años en biodegradarse.

Las campañas de publicidad han convencido a muchos occidentales de que el agua embotellada es de mucha más calidad y su consumo está bien visto socialmente.

Mientras, surgen campañas de marketing en contra de su uso. El Ayuntamiento de París, para disuadir del uso del agua embotellada, creó la campaña Eau de Paris. Con una botella de lujoso diseño, pero vacía, recordaba a la gente que el agua del grifo es igual de buena que la Evian o Perrier, las más consumidas en París.
Neau, (no en neerlandés) es una botella que se vende vacía para que la llenes de agua del grifo.
Es una campaña de la holandesa Neau Foundation, que tiene un doble objetivo: concienciar sobre el uso del agua del grifo y recaudar fondos para abastecimiento de agua potable en el Tercer Mundo.

Documental recomendado:  Por un trago de Agua

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