viernes, 27 de noviembre de 2009

Reunión del Club Bilderberg en Grecia 2009. Estos señores a lo suyo.

La reunión del grupo Bilderberg, el akelarre de poderosos más misterioso del planeta, cerró el domingo sus puertas y como si no hubiera existido. La prensa ha vuelto a mirar hacia otro lado mientras unos 130 tipos, elegidos entre los más influyentes de occidente, han estado a cuerpo de rey hablando de lo divino y de lo humano en un hotel de Grecia. Ha habido excepciones, como el excelente artículo de The Times, salpimentado de ironía muy á la John Ronson. No es que cuente nada del otro jueves, pero incluye datos tan curiosos como que la CIA dio su consentimiento a la creación de tan singular ONG de cleptócratas allá por 1954.

Pero para divertidos, la serie de artículos que ha escrito para The Guardian el cómico inglés Charlie Skelton (Skelton's Bilderberg Files) y que no han gustado a todo el mundo: le han amenazado, apuntado con una pistola, seguido y detenido dos veces por acudir al cónclave sin invitación. Pero ha valido la pena: el año que viene ha prometido volver. Que los bufones tengan que sustituir a los periodistas puede parecer triste, pero hemos salido ganando.

La participación española, según la lista más o menos oficial, incluía a la Reina Sofía; el consiglieri de Zapatero Bernardino León Gross; el capo de Prisa en horas bajas Juan Luis Cebrián; Ana Patricia Botín, presidenta de Banesto; el ministro de Exterior Miguel Angel Moratinos (en calidad, suponemos, de camarero) ; Alberto Ruiz Gallardón (alcalde de Madrid) y José Manuel Entrecanales (presidente de Endesa). Pero, insistimos, tan importante es saber quién ha ido como lo que se ha dicho y hay más bien poco. Todo el que va tiene que prometer guardiar silencio. Allí lo llaman discrección y en Italia omertá.

En el artículo de The Times, el investigador Daniel Estulín aseguraba que un tema a debate fue si la crisis (diseñada en laboratorio según él) debería ser “prolongada y agónica, y que condene al mundo a décadas de parálisis, declive y pobreza, o un crisis más corta e intensa”. No hace falta saber Kung Fu para darse cuenta de que es el clásico win win game (el juego de siempre gana) ya que la crisis sólo puede ser larga o corta, conceptos tan elásticos como el chicle y que incluyen todas las opciones intermedias.

Más interesantes han sido las declaraciones del periodista ultraderechista Jim Tucker, que asegura que otra de las cuestiones ha sido la adhesión de EEUU al Tribunal Penal Internacional. Eso, según él y los de su cuerda (algunos a la derecha de Ku Klux Klan), supone una cesión de soberanía por parte de su país. En realidad, tiene toda la razón del mundo: es una cesión de soberanía. Sin embargo, que EEUU (como Rusia, China o India) deba o no sumarse a tan distinguido club es una cuestión que los ultranacionalistas como Tucker consideran una afrenta, pero que miles de personas (tan conspiranoicos o más que él) creen necesaria. Y eso sin contar a muchas ONGs poco sospechosas de complacencia.

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